Artículos destacados > Mamá dice: ¡Silencio!
El ADN callado...
¿Por qué han utilizado plantas y animales este hábito de silenciar genes? La verdad es que nadie lo sabe realmente, aunque se han propuesto varias explicaciones. La herencia de genes silenciosos, apodada impronta genómica, podría estar relacionada con los hábitos reproductivos. En los mamíferos, la impronta está restringida a especies que alojan a sus jóvenes en gestación in utero. No se tiene conocimiento de que los mamíferos que ponen huevos como el ornitorrinco, cuenten con este mecanismo de impronta en los genes relacionados con el crecimiento. Durante nueve meses, tu madre te proporcionó todos los nutrientes esenciales que necesitabas para tu desarrollo por el torrente sanguíneo a través de la plancenta. En vez de poner un huevo y dejarlo para que se las arregle con los contenidos de un saco vitelino, mamá respondió pacientemente a tus demandas alimentarias durante tu estancia en el útero.
Las semillas se desarrollan de forma similar dentro de los cuerpos de sus padres, pero son alimentadas a través de un endospermo en vez de a través de una placenta. Una impronta normal tanto en la placenta como en el endospermo es crítica para un desarrollo embrionario saludable. En ambas especies estos órganos ofrecen un punto de contacto para el diálogo entre el feto y la madre y son, por tanto, participantes clave en la regulación del crecimiento embrionario. Wolf Reik (Babraham Institute, Cambridge, RU) ha estudiado el comportamiento del gen Igf2 en ratones. Wolf resalta que la impronta del gen Igf2 es crítica para el crecimiento normal de la placenta. Si se inactiva el gen en la placenta, el crecimiento fetal queda limitado.
Algunos científicos creen que la impronta evolucionó en especies con un hábito placentario para hacer frente a crías avariciosas que podrían intentar conseguir más recursos de los que les correspondían. Esta escuela de pensamiento está basada en la “teoría del conflicto parental” propuesta por David Haig (Harvard, EEUU). Según esta teoría, mamá necesita asegurarse de guardar algo de fuerzas para sí misma y otros descendientes, por tanto sus genes han evolucionado para suavizar el crecimiento fetal. Entonces, ¿por qué los genes del padre quieren que seas más grande? Bueno, en general los bebés que son un poco mayores que la media tienen mejores perspectivas de supervivencia. Por supuesto, no se trata realmente de que nuestros genes tengan su propia voluntad, sino simplemente de que cualquier gen que promueva la supervivencia tiende a ser transmitido a la descendencia.
Yendo más allá del caso especial de la impronta, el silenciamiento a través de la metilación del ADN representa la evolución de un sistema inmunológico primitivo. Cerca de la mitad de nuestro genoma es silencioso, está compuesto de secuencias repetidas sin sentido que no contienen instrucciones para fabricar proteínas. Algunas de estas secuencian saltan de un lado a otro en el genoma, un comportamiento que puede tener consecuencias desastrosas para la función de los genes vecinos. ¿Cómo llegaron hasta allí? No tenemos respuestas definitivas, pero algunas parecen y se comportan como virus, polizones bien conocidos del genoma. Las células parecen marcar las secuencias repetidas con metilo para callarlas, lo que sirve para proteger nuestros genes. Como ha sugerido Denise Barlow (Universidad de Viena, Austria) la impronta de genes puede haber surgido de forma accidental, como resultado de la extensión de la metilación del ADN a otras regiones del genoma. La investigadora señala que este accidente debe haber tenido alguna ventaja evolutiva para haber cuajado, aunque esto aún es un tema abierto al debate.
A lo largo de nuestra vida, y durante el curso de la evolución, el silenciamiento del ADN ha permitido que tanto nuestras células como nosotros evolucionemos y desarrollemos hábitos diferentes. Consideremos por un momento el estrepitoso jaleo que se produciría si de los 30.000 genes humanos no hubiera una gran proporción que estuvieran inactivados. No necesitamos usar los 2m completos de ADN dentro de cada una de nuestras células ya que, por ejemplo, no querríamos que las células de nuestros ojos fabricasen uñas. Los ligres y los tigones nos demuestran que el mismo ADN puede tener consecuencias muy diferentes dependiendo de cómo sea empaquetado por sus padres. Las secuencias de ADN no nos cuentan la historia completa. Su revelación es sólo el comienzo. El plano por sí solo contiene el potencial para la vida, pero la vida es todo lo que sucede después del ADN.
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